Queso fresco
Son quesos elaborados con leche pasteurizada de vaca, cabra o oveja, medianate diferentes procesos. El queso fresco posee diferentes variantes en los diferentes países, el más afamado en la cultura gastronómica de la península es el queso de Burgos.
Los métodos de elaboración tradicional de estos quesos, están compuestos por cuatro fases. Primeramente se adicionan una bacterias a la leche pasteurizada, de modo que se inicia la coagulación por la conversión de la lactosa a ácido láctico. Se acidifica y se coagulan las proteínas transformandose en sustancias más sencillas y digeribles. El siguiente paso es la formación del cuajo durante unas 30 horas, después se realiza un escurrido suave para eliminar el suero. Finalmente se secciona, se produce un moldeado y un prensado más intenso y se envasa.
Los métodos modernos, se basan en la ultrafiltración, actualmente la mayor parte de los quesos frescos envasados son sometidos a este método, pues mejora su conservación y aumenta su vida útil. Algunas de las variedades de queso fresco más afamadas son el de Burgos, Fetta, Villalón, Mascarpone, Quarck, Cotagge, …
Debido a los diferentes prensados, el queso fresco pierde parte de su agua, pero no toda, y sin período de curación mantiene una buena proporción, que ronda el 60%. Ideal para dietas y postres, puesto que sólo aporta apenas 100 calorías por cada 100 gramos. Entre sus ventajas está su sabor casi neutro que le otorga una gran popularidad entre los niños, aportándoles gran cantidad de calcio. Y, en general, es beneficioso para todos por los nutrientes que aporta: magnesio, fósforo, vitaminas A, B y D.