Vamos a tratar de explicar sin lenguaje técnico un tema muy polémico, la conservación del vino. El vino como tantos alimentos está vivo, por este motivo una cata no es lo mismo en 2010 que en 2011 o en adelante y la diferencia va a depender en gran parte a su conservación.
El vino evoluciona lentamente, si se encuentra en las condiciones adecuadas. En un sótano o bodega en condiciones. Aislado de la luz natural, de los movimientos, con una temperatura relativamente baja, sin corrientes y con humedad por encima del 60%.
El caso de las vibraciones, es perjudicial para los vinos tintos y les provoca "fatiga", no tanto para blancos, cavas o rosados. Aunque todos son importantes el factor más limitante es la variación brusca de la temperatura, para evitarla debemos mantener una circulación de aire.

En lo que a temperatura se refiera, debe ser relativamente baja, para frenar las reacciones químicas que se dan en el vino, mayores cuanto mayor es la temperatura. Pero cuidado una temperatura demasiado baja puede provocar depósitos de ácido tartárico. Así determinamos que la temperatura más adecuada para almacenar el vino, se encuentra entre 14-16º C.
La humedad condiciona de manera irreversible la calidad del vino, tanto el exceso como el defecto alteran nuestro vino. El rango adecuado está entre 60- 68%. Con poca humedad el corcho se seca y permite el contacto del vino con el aire, con una humedad mayor se pueden producir mohos y bacterias perjudiciales para el vino.
En contra de lo que muchos opinan, la posición de la botella determinará el producto final. Así, es primordial que el corcho permanezca mojado, para evitar que se reseque, permitiendo la entrada del aire. Una pequeña inclinación permitirá que los sedimentos se depositen y mantener el contacto con el vino.

En referencia a la luz, la necesidad de oscuridad es debido a que la luz natural oxida el vino, dándole una sabor que en el mundillo denominamos sabor “a luz“. La luz perjudica también el color del vino, en este caso más de blancos y espumosos.